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La toma de decisiones se entrena, otra cosa es “a qué precio”. Todo estriba en una combinación de tolerancia a la incertidumbre con capacidad para analizar las situaciones y actitud ante los riesgos.

Cualquier profesional puede evolucionar desde una persona indecisa hasta una persona arriesgada, aunque deba estar
vigilante para no caer en la temeridad.

Por ejemplo, una persona que va de compras y quiere comprarun pantalón: el indeciso necesita que alguien vaya con él y le aconseje todo el rato; otro necesita ir a muchas tiendas antes de comprar; el valiente va solo y compra lo que quiere; y el arriesgado puede llegar a comprar un pantalón muy moderno pero que no le quede bien…

 

¿Qué significa la decisión como competencia?

Actuar con determinación y seguridad, tanto en situaciones habituales como en crisis inesperadas. Establecer y coordinar las acciones necesarias (propias y ajenas) para la solución de las dificultades de un modo ágil y eficaz, responsabilizarse de las decisiones tomadas, asumiendo riesgos calculados y mantener la calma en situaciones difíciles, transmitiendo tranquilidad y seguridad hacia los demás, guiándose por criterios acertados.

Es importante que identifiquemos las posibles barreras para el desarrollo de esta competencia, es decir, ¿qué nos dificulta la toma de decisiones?

 

 

La toma de decisiones se ve complicada por estas actitudes:

  • Recabar tanta información y analizarla con tanto nivel de detalle que no se cumpla con los plazos fijados (parálisis
    por el análisis). En el fondo de este interés por el análisis exhaustivo antes de tomar una decisión suele existir un
    cierto temor a equivocarse y asumir riesgos, y una baja confianza.
  • No organizar los propios pensamientos, los asuntos a resolver, los hitos a cubrir, etcétera.
  • Querer “ganar” siempre. Tratar de reducir el riesgo a la mínima expresión, incluso en decisiones rutinarias.
  • No adoptar decisiones a pesar de tener una idea clara de la solución. Esperar demasiado antes de actuar. Querer tener el visto bueno de los superiores antes de actuar.
  • Decidir sin reflexión previa, adoptar resoluciones “a lo loco”.
  • Adoptar decisiones que, sin ser las más idóneas, no generen conflictos con otras personas.

 

Y ahora te preguntarás, ¿qué y cómo tengo que hacer para ser competente en la toma de decisiones?

Para ello deberás:

  • Asumir el riesgo y el conflicto, teniendo confianza en ti mismo.
  • Tener coraje intelectual. No te dejes intimidar fácilmente. Ten pensamiento crítico y creativo para la toma de
    decisiones.
  • Ten valentía, toma decisiones sin disponer de toda la información, asumiendo los riesgos que ello conlleva.
  • Delega en otros, aprendiendo de los demás.
  • Comprende y asume los errores que cometes.

 

Ya sabes por dónde empezar: ¿a qué esperas?

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