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La habilidad de contar historias (storytelling) es una capacidad humana fundamental que nos acompaña al menos desde las primeras representaciones de caza en las paredes de las cuevas hace 35.000 años, y que ha ido modelando nuestra imaginación y nuestra inteligencia desde entonces.

Contamos historias para transmitir la cultura, para educar, evangelizar, motivar, ilustrar, entretener, seducir, vender, etc. incluso cuando recordamos nuestro pasado solemos hacerlo a través de una historia.

¿Por qué nos cautivan las historias?

Cuando escuchamos o leemos un relato parece que nos implicamos más con el texto, experimentamos una sensación diferente.

Se podría decir que nuestra mente está diseñada para aprender de las historias. ¿Por qué sucede esto? ¿De dónde proviene su poder?

El psicólogo y psiquiatra C. G. Jung, nos dio la clave: los arquetipos. Las novelas, los mitos, los cuentos infantiles, las películas, las óperas, los videojuegos, etc. tienen estructuras argumentales similares donde aparecen personajes arquetípicos: héroes, guerreros, demonios, sabios, etc.

Los arquetipos son patrones de comportamiento universales, las maneras en las que nuestra consciencia experimenta el mundo.

Cuando desarrollamos un curso a través de una historia, logramos que esta forme un hilo conductor creando un todo integrado y significativo. Supone reforzar el mensaje, la información se vuelve más significativa y fácil de recordar.

Las narraciones permiten con nos identifiquemos con las historias y sus personajes, provocando una mayor inmersión en los escenarios de aprendizaje y estimulando una respuesta emocional.

Permiten crear diálogos, situaciones cómicas, momentos entretenidos, etc. Además favorecen la activación del conocimiento previo, reduce el esfuerzo cognitivo que supone entender el texto e incrementa la transferencia del aprendizaje.

Para escribir un relato debemos identificar y ordenar los diferentes elementos de los que se compone:

  • El problema: Es el tema central del que tratará la historia, normalmente expresado en forma de un problema o dilema que se va desarrollando. Evidentemente deberá responder a los objetivos de aprendizaje del curso.
  • Los personajes: Son los actores de la historia. Son una parte muy importante, a través de ellos contamos la historia y logramos que los alumnos se identifique y se involucre.
  • Los escenarios: Debemos planificar los escenarios donde sucederán los diferentes momentos de la historia, así como los recursos que se requerirán en cada caso.

Realmente todos somos creadores y narradores de historias. Nuestra propia experiencia vital puede ser una fuente de inspiración para las historias que vamos a contarles a nuestros alumnos.

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