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En publicaciones anteriores hemos explicado la importancia de la gestión de cambio y cuándo emprender este proceso. En esta ocasión, hablaremos sobre las consecuencias que acarrea una mala gestión de cambio y cómo repercute en todos los niveles organizativos.

Cuando no se entiende el proceso de cambio como el acceso a nuevas oportunidades sino que se entiende como una amenaza para el futuro de la organización, los empleados se sienten desorientados y no afrontan los sucesos derivados de este proceso. Esto se debe, en parte, a una mala comunicación entre los diferentes estratos organizativos, lo cual genera confusión en los trabajadores y afecta de manera directa a la productividad de la organización.

Los niveles superiores de la organización deben comunicar los cambios que se van a efectuar y contagiar a sus empleados de su entusiasmo por lograr la mejora global de la empresa. De forma contraria, se genera la conocida “resistencia al cambio”, una de las principales causas de fracaso en la organización.

La resistencia al cambio se produce cuando los sentimientos negativos proliferan rápidamente de trabajador en trabajador, generándose así una desconfianza globalizada. Para evitarla es importante mantener y consolidar los cambios a lo largo del tiempo, dar coherencia a las acciones emprendidas en el proceso de gestión de cambio y emprender este proceso siempre desde los niveles superiores.

El mejor activo con el que cuenta la organización son sus empleados y es de vital importancia que trabajen unidos para que la nueva situación triunfe.

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