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Aprender a cooperar con los demás

El principal enemigo de la cooperación es el afán de superación personal mal entendido y llevado a sus máximas consecuencias, pase lo que pase y pese a quien pese.

Si bien el refuerzo social nos lleva a afirmar lo bien que nos sentimos trabajando en equipo, es una realidad innegable la existencia de personas con perfiles muy técnicos, orientados a la tarea y a conseguir sus propios objetivos, que pueden sentir cierto rechazo a la hora de cooperar de forma continuada con otras personas y equipos.

Son personas que suelen dominar los encuentros del equipo y les cuesta ceder el liderazgo. Por otra parte, tienden a evitar las confrontaciones directas para resolver conflictos y, como están tan acostumbrados a trabajar “solos”, pueden tener dificultades para dirigir eficazmente las reuniones, dejando que éstas sigan su propio curso, en vez de tratar de alcanzar los objetivos fijados para ellas.

Estas personas trabajan por su cuenta, sin informar incluso a los demás sobre las acciones o decisiones tomadas. Ignoran el potencial del equipo, en muchos casos lo consideran un obstáculo, desaprovechando así las posibilidades de crear sinergias.

Son personas que en general no muestran interés por conocer otros puntos de vista y otras aportaciones que pudieran enriquecerlas, más bien pueden incluso mostrar temor e inseguridad a la hora de facilitar la información que poseen; no comparten su expertise con los demás.

Este tipo de personas encuentran muchas dificultades para cooperar con otros.

 

Empieza a cooperar

El interés por cooperar empieza por la actitud ante el cambio. Las personas que cooperan son personas que trabajan en equipo, respetan las opiniones de los demás, cambian de idea y de conducta teniendo en cuenta su relación con otros. Impulsan de forma activa los cambios organizativos, que normalmente son propuestos por individuos de otras áreas o departamentos con los que trabajan en equipo.

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